La disminución o mala calidad de la lágrima produce el síndrome del ojo seco que se manifiesta con diversas molestias oculares tales como visión borrosa, fotofobia (sensibilidad frente a la luz), sensación de cuerpo extraño, enrojecimiento, lagrimeo excesivo, etc.

Suele aparecer en la cuarta o quinta década de la vida y es más frecuente en mujeres debido a trastornos hormonales.

Tras descartar alteraciones generales a las que puede ir asociado, el tratamiento está encaminado a suplir las deficiencias que lo provocan.

Es importante acudir al oftalmólogo ante estos síntomas y no automedicarse con lágrimas artificiales o lubricantes oculares pues estos pueden corregir los síntomas pero sin solucionar el problema; incluso la sequedad ocular puede derivar del uso de colirios sin prescripción médica.